| MARZO 26 |
UNA VIDA PRODUCTIVA
Mateo 25:14-46
LAS dos últimas lecciones hablaron de estar esperando y de estar preparados
para la venida del Señor. La de hoy nos habla de no estar ociosos y sin
fruto para que así se nos otorgue amplia y generosa entrada en el reino
eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2 P. 1:8-11).
El caso del que escondió su talento puede compararse con los que dicen:
Si Dios es tan grande y poderoso, él puede levantar a otro para hacer mi
trabajo. ¿Por qué he de hacerlo y correr el riesgo de que, por ser Dios
hombre duro, cargue yo con un regaño por hacerlo mal?
Enterrar el talento también es una reacción común cuando descubrimos que
no somos indispensables, pero ¿quien mete esta idea en nosotros? ¡Satanás!
Si digo: No, pensando que otro hará lo que me corresponde hacer, estoy
perdiendo de vista una verdad hermosa: Dios me escogió a mí para hacer
ese trabajo.
El fin de ese siervo (las tinieblas de afuera) no es base para suponer
que puedo perder mi salvación, pero sí es razón para ver que Dios no admite
medias tintas: o le sirvo con todo mi ser (Ro. 12:1) o soy lanzado fuera
(Ap. 3:16). ¿Qué será de mí cuando venga el Rey?
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