| FEBRERO 3 |
PROTECCIÓN DIVINA
Salmo 34:1-22
ESTE salmo se parece a muchas de las reuniones a las que asistimos: primero
hay canto (vs. 1-10) y luego escuchamos un sermón (vs. 11-22). El canto
es un testimonio de salvación y el sermón es una exhortación a la santificación.
Busqué a Jehová, y él me oyó,... este pobre clamó, y le oyó Jehová (vs.
4,6), testifica el salmista y en la parte final de su canto nos invita:
Gustad, y ved que es bueno Jehová (v. 8).
Esto está de acuerdo con el método científico del cual se jacta tanto el
hombre moderno. En la escuela se enseña que el método inductivo empezó
con Bacon, pero aquí lo vemos con una antigüedad de casi tres mil años.
El que haga la prueba encontrará que Dios salva y satisface toda necesidad
del ser humano.
En el sermón: se anuncia el tema (v. 11); hay una introducción que despierta
interés (v. 12); el desarrollo del tema es completo y práctico (vs. 13-20)
y cierra con una conclusión solemne (vs. 21,22).
Vale notar que el versículo 20 tuvo cumplimiento en Cristo (Jn. 19:36)
y que el 22 anticipa la afirmación de Romanos 8:1: Ninguna condenación
hay para los que están en Cristo Jesús... ¿Podemos ser testimonio a esta
verdad? ¿Somos irreprensibles? ¿Resplandecemos como luz, en medio de una
generación maligna y perversa ( Fil. 2:15)?
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