| FEBRERO 22 |
COMO VUESTRO PADRE
Mateo 5:27-48
MUCHOS ven en El Sermón del Monte principios verdaderos y dignos para
el hombre, pero los consideran pináculos de perfección imposibles de alcanzar
en esta vida. Si así pensamos, preguntémonos: ¿pedirá Dios a sus hijos
algo que es imposible? Seguro que no, pues es todo amor y comprensión.
En la fidelidad conyugal (vs. 27-32), en mis afirmaciones (v. 37), en mis
reacciones cuando me ofenden (v. 39), me roban (v. 40), o se aprovechan
de mí (v. 41), en mi trato al enemigo (v. 44); en todo esto debo ser como
mi Padre que está en los cielos (v. 45). Su fidelidad, sus promesas, su
trato conmigo cuando como enemigo me acerqué a él a exigirle que contestara
mis oraciones y la forma en que me recibió como hijo, deben ser razones
y ejemplos suficientes para normar mi conducta. Pero hay más: Debe haber
un autoexamen para buscar la raíz del mal, y, al arrancarla, esta raíz
dolerá (vs. 29,30). Debe haber un firme deseo de ser diferente a los que
no son sus hijos (vs. 46,47). Y, aunque no está en este pasaje, para parecerme
a mi Padre celestial debo haber nacido de nuevo.
Leamos el versículo 48 a la luz de 1 Pedro 1:16-23. Si invocamos a Dios
como Padre, ¿cómo ha de ser nuestra vida?
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