| FEBRERO 1 |
LA DICHA DEL PERDÓN
Salmo 32:1-11
DAVID parece estar en el fondo del pozo de la desesperación. Así lo expresa
en los versículos 9 y 10. Tan amargo era el momento que lo podemos comparar
con la muerte de nuestro Salvador en la cruz. Lo hacemos porque el Señor
citó este salmo poco antes de consumar la obra de redención. Dijo: En
tus manos encomiendo mi espíritu (v. 5; Lc. 23:46).
Nosotros podemos estar confiados en la mano de nuestro Salvador porque
dice: Yo les doy vida eterna;... y nadie las arrebatará de mi mano (Jn.
10:28).
En el versículo 8 el salmista se alegra de no haber sido entregado en mano
de sus enemigos. La mano de Dios lo puso en un lugar espacioso y seguro.
Pero no sólo encomienda su espíritu a Dios, también dice: En tu mano están
mis tiempos (v. 15). ¿Podemos decir lo mismo? Hay tiempos de angustia,
oprobio y sufrimiento, pero también hay tiempos de confianza en Dios cuando
sentimos el resplandor de su rostro (v. 16).
El apóstol Pablo compartía los sentimientos del salmista. Veamos esto en
Filipenses 4:11-13. El todo lo puedo vale más cuando se dice en tiempos
de crisis.
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