| ENERO 1 |
CONTRASTES: EL ÁRBOL Y LA PAJA
TENEMOS una descripción del bienaventurado (vs. 1-3) y otra de los malos (vs. 4-6). La descripción del carácter y de la conducta del justo, el bienaventurado, es la del Señor Jesús, pues nadie se apartó del mal ni nadie llevó fruto para Dios como él. Pero podemos tratar de encontrarnos en este salmo porque es nuestro deber andar como él anduvo (1 Jn. 2:6), y se nos dice cómo lograrlo (Col. 2:6,7).
Al justo se le describe con negaciones, mediante un trío de verbos que crecen en intensidad: no anduvo, ni estuvo, ni se sentó. Luego se le describe bajo la figura de un árbol plantado junto a corrientes de aguas (v.3).
Vemos la delicia, meditación y perseverancia en la lectura de la Palabra de Dios como el secreto de su prosperidad. ¿Es éste nuestro retrato? Lo fue de nuestro Maestro durante su vida terrenal.
La descripción de los malos es mucho más corta: No así los malos. Y con eso está dicho todo. No son árboles que resisten el viento tempestuoso, sino son como el tamo que arrebata el viento (v.4).
En nuestros corazones, ¿hay intención de andar en el consejo de los malos (v. 1) o sentimos atracción a la congregación de los justos? (v. 5).
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