| DICIEMBRE 8 |
DOS HABITACIONES
Isaías 57:1-21
Este pasaje tiene una respuesta a la pregunta de los discípulos a orillas
del Jordán: Maestro, ¿dónde moras? (Jn. 1:38). Así responde el Alto y
Sublime, el que habita en la eternidad: Yo habito en la altura y la santidad
(v. 15).
Notemos que hay armonía entre morador y morada. Morar en la eternidad contrasta
con el hombre que mora en el tiempo y el espacio por un promedio de 70
años. Pero este Dios infinitamente santo tiene una segunda morada: ¿Habrá
otra digna de él? Sí, leemos que habita con el quebrantado y humilde de
espíritu (v. 15).
El corazón y espíritu de los tales será vivificado con su presencia. Cristo
hace la misma promesa en Juan 14:19. Hay quienes rechazan este privilegio
y siguen rebeldes en el camino de su corazón (v. 17), pero Dios quiere
sanar, pastorear, dar consuelo y producir en nosotros fruto de labios:
Paz al que está lejos y al cercano (v. 19).
Termina esta sección con el refrán: No hay paz,... para los impíos (v.
21). ¿A qué grupo pertenezco? ¿Tengo paz?
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