| ABRIL 27 |
EL CAMINO DE REGRESO
Génesis 4:1-26
CUANDO Adán y Eva fueron lanzados del Edén, escucharon la promesa de Dios
que, de la simiente de la mujer, vendría liberación para ellos (3:15).
No es de sorprendernos la alegría de Eva al tener en sus manos a un varón.
Pero no sería Caín el que abriría el camino de regreso a Dios. Caín se
sintió atraído al cultivo de las plantas. Notó que su cuidado producía
mejores y más abundantes frutos y pensó que con esto, la labor de sus manos
podría pavimentar el camino de regreso a Dios.
Después nació Abel y éste se dedicó a cuidar ovejas. Observó cómo Dios
las hacía crecer y cómo nacían sus corderos. Tal vez usó algunas de sus
pieles para hacer vestidos. Dios les había enseñado a hacer esto, pero,
¿dónde aprendió a ofrendarlas en holocausto? Sus meditaciones lo han de
haber llevado a la siguiente conclusión: No he de llegar a Dios por las
obras de mis manos sino por la muerte de un inocente. Por eso tomó un cordero
recién nacido y lo puso en el altar como sustituto suyo. También podemos
pensar que rehusó llevar del fruto de la tierra, pues sobre ella pesaba
una maldición.
¿Qué llevo yo en mis manos al presentarme ante Dios?
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